Severino
La intervención parte de tres elementos esenciales: la luz, la materialidad y el espacio. La vivienda original presentaba una distribución excesivamente compartimentada, sin una estancia principal capaz de articular la vida cotidiana. El proyecto transforma esta configuración mediante la apertura de las distintas piezas, favoreciendo la entrada de luz natural y construyendo una atmósfera unitaria, cálida y confortable.
La nueva organización se desarrolla en torno a un espacio central que actúa como origen y corazón de la vivienda. En él, la cocina adquiere un papel protagonista y se convierte en el lugar de encuentro alrededor del cual se desarrollan las actividades diarias.
Al liberar el espacio, la luz exterior penetra hasta el interior y se incorpora al proyecto como un material más. Su interacción con las texturas, los tonos y las superficies modifica la percepción de los ambientes a lo largo del día y potencia la sensación de amplitud y bienestar.
La materialidad contribuye, además, a integrar soluciones de almacenamiento oculto que se funden con la arquitectura. Estos elementos permanecen en un segundo plano, liberando el espacio de interferencias visuales y poniendo en valor aquello que realmente importa: la luz, las proporciones y la experiencia de habitar. El resultado es un espacio continuo, sereno y flexible, concebido para generar vida y relaciones; un lugar para estar, cocinar, conversar, descansar, compartir y sentir.
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